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2 de enero ... resaca en el campo

2 de enero ... resaca en el campo

Primera excursión del año 2005, a ver el molino que había construído un hombre del que desconocemos su historia.
A 7 u 8 kilómetros del pueblo en el que vivo.

Esta vez, sólo Julio y yo. Ha sido una excursión suave, más bien un paseo por el monte. Todo pista.

No hay problema alguno con las pistas forestales, pero prefiero los senderos. Más salvajes. En las pistas es fácil encontrarse a algún otro caminando o, lo que es peor, algún todo terreno lleno de ciudadanitos buscando algo de aventura para contar mañana en sus oficinas, con el coche lleno de barro de los charcos, claro. En la zona esta no gusta nada ese tipo de gente, no cuidan el campo en absoluto porque mañana no tienen que verlo, ni tienen por qué volver nunca más. A mí me dan igual que vengan, porque sé que no se atreverían nunca a llegar a los lugares que llegamos nosotros, que no serían capaces de andar cinco horas, de vadear ríos o de bajarse una ladera por la nieve. Sé que nunca podrán acceder a algunos de los sitios que conocemos. Se mancharían sus ropas preciosas de última moda montañera. Todos llevan equipaciones muy buenas, eso sí, para el frío que no sienten porque dentro de sus coches la calefacción funciona de maravilla (supongo que las calefacciones de esos todo-terrenos de 25.000 € funcionan de maravilla ...).

No habría ningún problema con esa gente si no fuera porque después, muchas veces, los encuentras en algún bar del pueblo más cercano alardeando de no sé qué, intentando demostrar que ellos son "gente de campo". Me parto. A veces te miran con un poco de condescendencia, como pensando que eres un pobre diablo que no tiene ningún coche para ir por el campo. ¿Ves? nunca podrían entender, meter en sus cerebros endurecidos, que hay gente a la que nos gusta caminar porque sí, que disfrutamos, después de las horas de jornada, cuando nos sentímos agotados delante de la taza de café que nos estamos tomando en ese mismo bar. Tampoco entienden que la ducha que nos vamos a dar esa noche, cuando lleguemos a casa, nos sabrá a gloria ni que la jornada nos ha servido para ampliar un poco más el archivo de imágenes del mundo que alguno de nosotros estamos haciendo, posiblemente para que a él o a otro les sea útil dentro de unos años. No entienden nada, creo, si no esos comentarios no se oirían nunca. Pero bueno, es un problema que no me atañe en absoluto.

Llevo dos días en los que las celebraciones me han llevado a salir más de la cuenta, pero gracias a eso he conocido algunos sitios interesantes en donde comer o tomar algo en esta sierra. Hay pueblos preciosos que la gente desprecia por la poca calidad de sus fiestas municipales, qué tontería. Pero aquí nadie vende ninguna casa, parece que no les interesa que la gente viva aquí. En cierto modo tienen razón, y es de comprender que a ellos, a los ayuntamientos, les interesa gente que viva a diario en el pueblo, no chalets de fin de semana. Lo que buscan es revivir unos pueblos que, cada día más, lejos de mantener su espíritu rústico, se están convirtiendo a pasos agigantados en productos publicitarios. El asqueroso turismo rural, máximo exponente del "dominguero", no trae beneficios más que económicos. Sólo interesa al dueño de los establecimientos que ofrecen esos servicios, pero al pueblo, realmente no sé si le beneficia. La gente que he conocido que hace turismo rural ve las cosas como desde un escaparate, no se mezcla con el entorno, no se mancha ni suda. Suelen venir en grupos, gente joven muchas veces, y montan alguna fiesta por las noches. Otras veces son familias, pero esas son bastante más tranquilas. Pero lo que es común a casi todos es que piensan que el lugar en el que se encuentran es algo así como un sueño, nunca se imaginaban que hubiera gente en el año 2005 cuya vida dependiese de lo que produce el campo, que estuvieran pensando en cosechas o en ganado, que vivieran en casas sin comodidades prácticamente o que vivieran en núcleos de población de menos de veinte habitantes ... Piensan que eso sólo sale en la televisión y que siempre está demasiado lejos de donde ellos viven. Para muchos de ellos esto es como estar dentro de una película de aventuras. Pero la aventura no creo que sea así, la verdad. No obstante yo no suelo opinar sobre estas cosas porque cada uno vive su aventura como le da la gana, yo también.

No sé por qué
:: pensamientos sueltos de un cerebro re-hecho a retales ::

No sé por qué <br />:: pensamientos sueltos de un cerebro re-hecho a retales ::

No sé por qué, pero sé que no encuentro un porqué para no hacerlo. Quizá porque en la última carta me decía que echaba de menos los mails largos y esas cosas. O a lo mejor es porque en estos últimos tiempos me dedico a escribir poco, y menos cosas que sean interesantes siquiera para mí. Quizá estoy demasiado tranquilo, o demasiado harto de sentirme, incluso, ridículo con algunas de las cosas que hago o me pasan. Es posible que sea porque ya estoy demasiado lejos de demasiadas cosas que ya ni me preocupan y necesite hacerlo como si fuera una confesión después de tanto tiempo, algo sincero de verdad. Seguro que es porque, desde luego, no sé a quién contárselo y, si me gusta este correo, lo publicaré en mi web, porque ¿sabes? es donde escribo muchas de las cosas que no sé cómo decírselas a nadie o a quién decírselas.

En mi vida, como te puedes dar cuenta, hay demasiados 'quizás', es una vida demasiado inestable como inestable soy yo con las demasiadas cosas que me ocurren en los últimos tiempos.

Ha empezado el 2005 y no sé si va a ser bueno o va a ser malo, no quiero pensar en el resultado final porque sería absurdo. Sé que va a ser especialmente duro. Va a ser el año en el que me juego el todo por el todo, el año en el que puede que se termine un sueño que a veces me cuesta demasiado sostener en el aire. Todas las mañanas me despierto con una ansiedad fuera de lo normal, pensando en dónde puede desembocar todo esto en lo que me he metido. Todas las noches me acuesto y decido que he elegido la mejor opción. Todos los días pienso que existen más posibilidades, pero cada vez que ocurre eso tengo la respuesta ya "cargada", "es una elección para toda la vida, y la has tomado hace ya demasiado tiempo".

Efectivamente, esa decisión la tomé en el año 1987. Y todo lo que ha ocurrido entre ese año y el actual no son más que circunstancias que se han ido dando a lo largo del tiempo. Algunas de ellas no han sido demasiado edificantes, todo sea dicho.

En estos años he aprendido muchísimas cosas, tanto a nivel profesional como sobre mí mismo.

He aprendido a ver, a pensar y a decidir qué me quedo de cada experiencia que me sucede, he aprendido a buscar caminos por los que resolver mis cuestiones más profundamente existenciales y aún no he aprendido a reirme de mí mismo cuando cometo un error (y mira que me lo aconsejaron como algo muy sano), pero estoy aprendiendo muy despacio a hacerlo.

He aprendido a tener en cuenta el arte como algo más de mi personalidad. No como disciplina sino como vivencia. He aprendido a convivir conmigo mismo en las más variadas situaciones, en el sentimiento de la plena libertad y disfrute de la vida, cuando hago imágenes y me siento muy satisfecho con los resultados de mi trabajo, en la más profunda de las decepciones cuando la gente con la que inicié proyectos me dejaron sólo con las deudas, en la más profunda de las depresiones cuando creí que merecía la pena pensar un poco en la formación y educación de los chavales y me dí de frente con la burocracia y la incompetencia de los que anteponían estupideces ante la labor real que debía desempeñar (lo de ahora mismo en los colegios sólo son unas de las primeras consecuencias, acaso las más infantiles de las que son
responsables esos que equivocan la empresa con la vocación y la revisten de sonrisas, actos y demás máscaras que lo único que me demuestran es su incapacidad para trabajar por un futuro que no sea el suyo propio). Yo, ahí, no me siento responsable; sabes cómo me implico y como me puedo llegar a preocupar o alegrar de las cosas que les pasan a "mis chicos". Vale, es una tontería ...

En todos estos años he sentido el cariño y el desengaño, el amor y el desamor, y no he aprendido más que a defenderme de ello, no a controlarlo. He aprendido a estar solo y a disfrutar de la soledad, hasta el punto de buscarla inconscientemente. He aprendido a hacer muchas de las cosas que hago solamente por cuidar de mí mismo, por cuidar mis ilusiones y por sentirme cada día un poco más contento conmigo mismo, un poco más persona y un poco más amigo de mí mismo.

No he conseguido, a juzgar por los resultados hasta ahora, encontrar buenos amigos. Sé que soy de confianza y que no suelo dejar en la estacada a aquella gente en la que creo, pero a cambio sólo me he encontrado intereses personales de la más variada índole, me he sentido utilizado y exprimido, querido a ratos y despreciado por errores insignificantes o por historias que se han originado en cerebros enfermos que han apartado a gente de mi lado por manías personales y frustraciones personales varias. También por celos. De esa gente sí que he aprendido a huir ¿ves? Todos tenemos problemas de ese tipo y no seré yo quien se preocupe por que ellos/ellas los solucionen, yo tengo mi propia batalla personal con eso también y no me sobran "efectivos", sinceramente.

He aprendido a echar en falta y a contenerme las ganas de llamar por teléfono para no molestar ni sentirme molesto allí donde no me quieren tener. He aprendido a echar en falta ... sí, aunque todavía me duelen tantas ausencias. ¿Sabes? De eso tratan mis cuadros actuales ... de eso y de algo más ...

He aprendido a decir no sin tener que gritar ni faltar a nadie y, aunque no siempre sé ponerlo en práctica, cada vez siento que tengo más aciertos en ello.

Ahora, desde hace muchos meses, estoy aprendiendo a controlar mis emociones, mis sentimientos, y a darles una forma. Estoy aprendiendo a sacar lo mejor que tienen dentro y a no avergonzarme por ello. Cuando pueda y me den la oportunidad aprenderé a hacer lazos enormes de color azul y regalaré todos ellos a quien piense que lo merece. Pero tengo que aprender a leer en los ojos de la gente, a saber cuándo son "de ley" y a confiar menos en tópicos como "todo el mundo es bueno", porque lo que voy a regalar no es precisamente algo poco importante.

He comprendido que en este mundo las cosas no son siempre de una sola forma, que 2+2 no siempre son cuatro, que también pueden ser 200-196 o cualquier otra forma de decirlo que no tiene que ser negativa para mí necesariamente. A pesar de eso, todavía no sé aplicarlo con mucha soltura, me hace falta ejercitarme mucho más. He entendido que la gente, muchas veces, es menos interesante de lo que aparentan, y que otras veces es al revés, pero, como dije antes, todavía no sé leer en los ojos de la gente ... así que le doy un poco de tiempo todavía. Y he deducido que el mundo y la vida, nuestras vidas, pueden ser exactamente lo que nosotros queramos que sean, que solamente hay que saber trazar caminos donde nadie se ha atrevido a hacerlo, sacarse de encima todos los lastres que no aportan más que miedos y decidirse por lo que realmente sientes ... Eso me ha hecho conocer, hace año y medio casi, por ejemplo, el amor, muy dentro, aquí dentro.

He sentido, he reído, he llorado, he tenido muchísimo miedo, he tenido buenos pensamientos, y malos, he sudado, he sufrido, he errado, y he sacado conclusiones después. Me he abrazado mil veces a la almohada deseando tantas cosas y me he cansado de esperar en muchas ocasiones; he optado y he acertado, también me he equivocado, pero de todas las cosas, hasta de las derrotas, he sacado algo positivo. Pero sigo sin acordarme de mis sueños ...

He buscado y no he encontrado, aunque a veces pensé que sí lo había hecho. Me he ilusionado por cosas que no dependían de mí, y me he alegrado cuando al final han funcionado. Otras veces sí he encontrado, lo que esperaba o no, y me he dejado sorprender por ello, otras veces me ha pillado de improviso y las cosas me han sorprendido por ellas solas. He soñado despierto y he recorrido caminos que jamás pensé que llegaría a tener delante.

He disfrutado al principio y lo he pasado fatal al término. Me he metido en berenjenales de los que me ha costado horrores salir, pero casi siempre lo he hecho, yo solito. Y me he sentido enormemente fuerte, enormemente íntegro, enormemente enorme. He sentido que el tren de mi vida corría ágil por la vía y que otras veces no podía subir las suaves cuestas arriba que había en el trayecto. Me he perdido y me he encontrado.

Y he encontrado algo, alguien, que ha sido en muchos momentos lo único en lo que me he podido apoyar. Nunca supe si las cosas que pasaron fueron correctamente interpretadas, pero he aprendido a arrepentirme solamente por las cosas que no me he atrevido y quería hacer. En fín que fue alguien importantísima en uno de los momentos más difíciles de mi vida. Dio sentido a muchas cosas que ya lo habían perdido y encarriló un cerebro que estaba totalmente desquiciado, recogiendo del suelo la toalla que posiblemente yo ya había tirado. Me enamoré, casi como un tonto, y le regalé tantas y tantas canciones que me quedé casi sin ellas. Por ella escribí algunas de mis mejores poesías, que la vida me enseñó a escribir. Y la gente no las entendió, las criticaron y dijeron que eran realmente malas, inconexas y esquizofrénicas, egocentristas y negativas, pero a mí me siguen pareciendo las cosas más maravillosas que he escrito nunca.

Por ella sigo llorando cuando escucho algunas canciones y no puedo cantarlas sin que me tiemble la voz, que tampoco he aprendido a educar ... porque así me sirve a mí y, posiblemente, a ella. A pesar de todo, sigo pintando corazones, inútiles, pero ahí están, porque he aprendido a tener paciencia y a saber que muchas veces las consecuencias de lo que hacemos se ven muchos años años más tarde. He aprendido a no tener demasida prisa, pero sigo teniendo que frenar el torrente de ilusiones que aparecen cuando empiezo a soñar mirando por la
ventana tantas y tantas veces.

Pero fíjate, ahora ya estoy aleteando de nuevo y puedo volar, como dicen unos, de flor en flor. Estoy aprendiendo cómo se hace eso, pero todavía me quedo a medias y es fácil dejarme callado y hacer que toda mi timidez me haga ponerme rojo, que desee que la tierra me trague y que salga deprisa de donde esté. Todavía sigo siendo un novato en esas cosas, un "newbie". Y eso era lo que significaba, o lo que quise que significase. Jamás, nadie lo supo ... ¿qué les hubiera importado al resto lo que podía significar? Es mucho más divertido escuchar sus interpretaciones. Es como cuando alguien intenta interpretar un cuadro mío ... pienso, siempre he pensado, que son demasiado personales, que es necesario hablar mucho mucho conmigo y llegarme a conocer bastante para poder darse cuenta de que en el fondo todos esos colchones, esos cojines y esas texturas, esos colores, esas frases, esas manchas y esas composiciones no son más que yo. Es curioso, todavía no he encontrado a una sola persona que le hayan llegado a impresionar. Nadie entiende qué es eso que tiene delante ni hacen el menor esfuerzo por entenderlo ... una vez más, "el verso que le dí al aire se lo comerá la niebla" ... ¡qué bonito!

He aprendido más cosas, sí. A no esperar la aprobación de nadie para hacer las cosas en las que verdaderamente creo, a estar hasta el coño de acabar enfadado con todo el mundo, a dejar de intentar hacer comprender y a creer en mí y casi sólo poner eso como fin de las cosas que hago, aunque tampoco sé hacerlo bien y siempre me gustaría poder manosearlo en compañía. He aprendido a tirar "p'alante", aunque sea cojeando, con heridas en las rodillas de caerme continuamente, porque las heridas solamente se las puede hacer aquel que arriesga, y sólo arriesga aquel que cree que la vida es algo más interesante que un simple "adaptarse". Y que la madrugada sigue siendo el momento más maravilloso del día, el momento en que pones sobre la mesa, agotado, las conclusiones de lo que toda la noche te mantuvo despierto, que no quiero que me la joda nadie, que no quiero dormir, que quiero ver cómo amanece, acurrucado delante de la ventana, o en un sofá mirando el techo, como sea.

Sigo sin creer que soy un poeta, como dijiste un día. Sólo junto lo que me encuentro cada día, le doy mi forma y se lo envío a alguien ... o a nadie. No quiero serlo, de ningún modo, pero tengo que intentar que las formas que hago cada día se parezcan a lo que realmente siento cada noche.

He aprendido a no esperar nada de nada, para no volver a quedar decepcionado más veces. Y eso es lo mejor que he aprendido en todos estos años, y casi siempre lo pongo en práctica, eso sí que sí. Es la única forma de que la vida me de sorpresas y tenga algún sentido. Ahora no quiero perder ese espíritu, ni aquí ni allí, ni de día ni de noche. Todo puede pasar de aquí en adelante ... que pase.

He aprendido a amar mi vida, y ahora quiero aprender a cuidarla como si fuera la de aquella persona que no permitió que lo hiciera. Ahora, ya, por fín, comprendo todo lo que pasó ...

[dedico esto que no es más que sincero, con todo mi cariño, a quien sabe a ciencia cierta por qué lo he hecho.]

ojoplático

Sin tabaco ni posibilidad de comprarlo en estos momentos, son casi las 00:00 y aquí, a esas horas, no se puede comprar tabaco porque el bar está cerrado. Hay días que cierra más tarde pero no es lo normal.

En la televisión, la problemática del plan Ibarretxe, que no sé hasta qué punto su trascendencia se entiende en la sociedad, en Irak un gobernador muerto. Los alimentos subieron un 17% el año pasado en España y la gente lo seguirá viendo como normal ... puede que lo del Euro(po) y la Europa sea muy beneficioso para todos, y muy moderno, pero yo necesitaría una explicación clara. Dicen que se nos va a informar acerca de eso, pero no sé cuándo tienen pensado hacerlo. He estado ojeando el contenido de la constitución europea y no puedo tragarla bien, me raspa aquí, en la garganta.

Seguramente más adelante tenga una posición más sólida ante ello, pero por ahora no puedo decir nada. Este año nos meterán el Quijote con calzador si es necesario. Vuelven a machacarnos con más versiones de "Star Wars" en las que ya no sabrán qué más efectos especiales meter, y la gente hará colas de horas para ver la película vestidos con ridículos disfraces que equivale a acudir al cine con un cartel de "soy un pardillo, sacadme en la tele" ...

... en el año 2005 la gente quiere independizarse en este país, pero ¿cuánta gente quiere independizarse y de qué? ¿para qué quieren independizarse y por qué quieren hacerlo? Por un lado nos intentan vender la Unión Europea como la solución a todo y otros lo contrario con las autodeterminaciones. Y digo yo, ¿qué pasaría si no se aceptase la constitución y se consiguieran esas autodeterminaciones? ¿sería un desastre? ¿y si todos les hiciéramos un corte de manga a la clase política y ni votásemos la constitución ni nos asociásemos de ninguna manera, si nos convirtiéramos en individuos con criterio propio verdadero y dijéramos que todos queremos ser independientes y no pertenecer a ninguna nación?

En Perú han matado a varios policías unos locos para no haber conseguido absolutamente nada, han entregado las armas y no han mostrado la más mínima resistencia. La muerte de esos policías, cuatro creo, han sido absolutamente gratuitas ¿y nadie dice nada? En 2005 parece que la gente empieza matando porque sí ... y hasta final de enero ya veremos cuántos van a morir aún en Irak mientras unos intentan boicotear las elecciones y los otros no ... pero a nadie parece importarle esa gente y sí que haya soldados americanos allí. Yo creía que dos no peleaban si uno no quería. Y aquí los dos parece que quieren ¿por qué la gente sólo ve un culpable?

¿Criticar algo sin aportar alternativas es útil?

Y después dicen que si fumas es malo, y que si son porros, peor. ¿Cómo dice? Váyase usted a la mierda, anda ...

foto

solidaridad de moda

solidaridad de moda

¿Alguien me puede explicar qué narices significa "solidaridad" en estos tiempos?

No, lo mismo que siempre no, no me vengan ustedes con eso, por favor. Como tantos otros conceptos importantes ya nos lo han tergiversado ... y ¿que quién ha sido? posiblemente usted, sí. Usted y todos los que se autodenominan solidarios. Usted y todos los que, como usted, ni se pringan con las cuestiones básicas de su barrio salvo cuando va la televisión a retransmitir, los que un día o dos al año se sienten vacíos y llenan el hueco con lo que sea y como sea. Y no les critico, sólo les observo. Usted y todos los que les encantaría ponerse la camiseta de "soy solidario", pero "solidario" contra qué, joder, ¿contra qué?.

Solidario, a secas, no se es. Se es solidario contra algo o contra alguien, se es solidario contra la violencia, y se es solidario estando al lado de algo o alguien. El ser solidario es ser combativo porqque tienes una deuda con alguien, libremente adquirida y asumida como fin de una actitud.

La definición de "solidaridad" que la R.A.E. nos da es:

"1. f. Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros."

circunstancial ... implica que no siempre es, que depende de las circunstancias, o de las personas, o de los momentos, o de los hechos. La solidaridad es contingente. Pero no se puede ser solidario con todo, ni por la cara. Nadie puede decirlo, entonces, de manera absoluta ( "1. adj. Adherido o asociado a la causa, empresa u opinión de alguien", pero no de todo).

Por otro lado, en el diccionario de la R.A.E. aparece también la expresión obligación solidaria, "1. f. Der. Aquella en que cada uno de los acreedores puede reclamar por sí la totalidad del crédito, o en que cada uno de los deudores está obligado a satisfacer la deuda entera, sin perjuicio del posterior abono o resarcimiento que el cobro o el plazo determinen entre el que lo realiza y sus cointeresados". Pero para poder satisfacer la deuda solidaria que contraemos diciendo "soy solidario" de firma absoluta necesitaríamos una eternidad y media. Nadie puede "ser solidario" a secas y, por supuesto, lo que no puede ser solidario jamás es "algo" (inanimado), un acto o un acontecimiento.

Estoy harto de oir esa palabra deformada en los labios de tanta gente, de políticos y de artistas, de deportistas, curas, profesores y ciudadanos y de niños (y niñas, vale). De la televisión y medios de comunicación no hablaremos porque no son, precisamente, los que mejor demuestran utilizar los términos de nuestra lengua que cada vez es menos nuestra.

En definitiva, que casi toda la gente que conozco sólo es solidaria consigo mismo y contra su mala conciencia, a causa de su sentimiento de culpa católica, apostólica y romana, aunque la quieran quemar en la hoguera.

¿Que aún no lo entiende? ... pero si es bien sencillo ... Pérez Reverte, que no es santo de mi devoción lo deja bien claro en un artículo de opinión del dominical del periódico ABC. Sí, ese periódico que tantos odian porque no es de "modernitos", que tachan con otro más de esos tópicos prostituídos, reflejo de un escasísimo uso del diccionario por parte del que califica, a veces gratuitamente y casi siempre sin haberlo hojeado u ojeado. Pero es que yo no sé si es que soy antiguo o que simplemente leo cuatro o cinco diferentes, como mínimo, cada día (pero sólo porque tengo mucho tiempo y tengo una manía, me gusta comparar). ¿Sabe usted? leo los que me dan acceso a la información sin tener pagar, está claro, porque creo en la libertad de acceso a la información más básica sin tener que dar a cambio más que atención.

Pues eso, que a ver si usted también se solidariza, junto al escritor en cuestión, y a mí, contra el atributo más cool con que la gente quiere diferenciarse ... de los que lo tenemos medio claro: "yo no creo ser solidario contra casi nadie" ... o, vamos, solamente soy solidario contra quien ataca a aquello que creo y me convierte en persona. Me da igual lo que la gente piense, porque gracias a ellos la acepción y el uso actual del término solidaridad me produce arcadas ... y eso me convierte en ¿egoista?, pero honesto.

¡Ah! Y discúlpenme, por favor, todos los que se hayan sentido heridos con mi argumentación, que puede estar equivocada, por eso no me pongo la camiseta de "yo no soy solidario".

despídete, al menos

si te marchas, llámame
que he tenido que salir
a pasear mis desesperos
que me muerden los tobillos
cuando no quiero jugar

llama sin compasión
y me dices que te piras
que ya no lo aguantas más
que te cansaste hasta en el alma
y que este rollo no te va

cuando llegue, si no encuentro
y si llego hasta el final
si me dejas
yo lo intento
joder, pero déjame acabar

que estas alas que me he puesto
están hechas para volar
de hueco en hueco de estos muros,
y también para esperar

(ni siquiera he terminado ...)

final de un correo electrónico

final de un correo electrónico

En 2005 no seré tampoco feliz, no lo quiero ser, porque la felicidad no es el fin de nada, ni siquiera del ser humano. No quiero ser feliz porque no es necesario serlo, porque la felicidad es solamente una opción, que la tomas o la dejas ... y porque si no la tomas, no tomas automáticamente la opción de ser infeliz, tomas otra en su lugar, cualquier otra. Y vuelvo a preguntarte ¿quién quiere estar al lado de una persona que ha llegado a es certeza? ¿conoces a alguien que le guste vivir en el hilo de las emociones? Yo a nadie. Debe ser duro estar al lado de alguien así, por eso tampoco culpo a nadie, ni siquiera cuando ninguna me mira. Me da igual :)

Si la vida fuera perfecta, alguien vendría un día y, sin decir una sola palabra, ya sabes, como a mí me gusta, entraría en mi vida con un beso muy muy sincero y muy muy dulce, quizá con una sonrisa muy sutil, sin pedir permiso y me regalaría todo su ser, yo le regalaría mi corazón y mis poesías, porque le gustarían mucho.

Si la vida hubiera sido perfecta, a aquel gilipollas se le hubiera estropeado su teléfono y habría llegado tarde, porque cuando alguien no quiere vivir, no quiere vivir, y cuando camina sin rumbo fijo es porque, quizá, es la elección que tomó, junto con un purgante para vomitar casi 300 pastillas y casi un litro de vodka. Y estaba en su derecho.

Si la vida fuera perfecta, mañana sería hoy, y volvería a hacer lo mismo y volvería a oler el olor de la gasolina, y volvería a estar en la carretera, y volvería a sentir que tenía 23 años, y volvería a sentir que no quiero echar raices en nigún lado ni me plantearía esas chorradas tan simplonas de la felicidad, porque solamente desearía un día encontrarme con alguien como yo, así de difícil.

Si la vida fuera perfecta yo no tendría ordenadores, ni libros, ni compact disc's, ni esta mesa de cristal. Sólo tendría una cámara de fotos, unas botas que me hubiera regalado un amigo que hiciese la mili y no le valiesen, un libro muy especial, poca ropa y una sola ilusión. Y andaría y andaría y me llamarían "inmaduro" y "crío".

Si la vida no va a ser así, no me importa una mierda.

... que el 2005 te sea propicio, Nacho. Esto me ha deseado la luna esta misma noche.

comentario sin comentario ...

"Me gustaría reencarnarme en un buitre. Un buitre no tiene que molestarse por su aspecto ni por su habilidad para seducir; no tiene que darse aires. De todos modos no va a gustar a nadie: es feo, indeseable, mal recibido en todas partes. Hay mucho que decir sobre la libertad que se obtiene a cambio".
Truman Capote, "Música para camaleones". (Al parecer, plagiado de W. Faulkner)

Yo añadiría, un poco "a lo bestia", otra frase lapidaria: "las preferencias no necesitan inferencias". Pocos sabemos quién dijo eso, a mí me lo recordó mi hermano, y es verdad. Yo se lo escuché alguna vez al otro en la sala de profesores, hace ya algunos años. Dicho esto, lo importante queda ahí, en la frase que Capote contextualizó y que no necesitaría realmente una justificación ... ¿o sí?

el trabajo del artista

Soy una persona que, al despertarme, no me gusta quedarme en la cama mucho tiempo. Una vez que he abierto los ojos no tardo más de cinco minutos en salir de la cama. En esos cinco minutos es cuando me organizo el día teniendo en cuenta las contingencias que pueda haber. Hoy he permanecido un par de minutos más en la cama mientras disfrutaba de una sensación típicamente desagradable que me sucede casi todos los días, algunas veces, sobre todo por las mañanas o por las noches me siento asaltado por una ansiedad que a menudo es creciente y que termina cuando me pongo a trabajar, normalmente en el cuadro que hubiera dejado el día anterior, aunque si empiezo uno nuevo me satisface un poco más. Esta mañana me ha rondado la cabeza, de manera tricionera, la sensación de pérdida de tiempo, de dilapidación de mis recursos y de vaguería. He pensado que mientras yo estoy disfrutando de un estilo de vida diferente voy separándome cada día más del ritmo cotidiano del resto de la sociedad que me rodea, me alejo de sus principios y, de alguna manera, siento el mundo y la vida de forma diferente al resto.

Hace unos años, cuando trabajaba por cuenta ajena, era el reloj, mecánico o electrónico, el que ordenaba lo que tenía que hacer cada hora del día: la hora en que debía abrir los ojos y empezar a pensar, la hora en que debía subirme al metro o al autobús para ir a mi trabajo, la hora en que debía comer y el tiempo que tenía para hacerlo y la hora en la que debía volver a casa o atender otro tipo de compromisos normalmente laborales; la hora de cenar, la hora de esparcimiento personal y la hora en que el día había terminado con la obligación de cerrar los ojos y desconectar de esta realidad para pdoer rendir adecuadamente en la jornada siguiente, es decir, el número de horas que se supone que debía dormir para, al día siguiente, volver a la misma rutina. Mi jefe no era mi jefe, era el reloj, que es el jefe de toda la humanidad por lo que parece.

A mí nunca me ha gustado esa idea y desde hace ya demasiados años no tengo un reloj en mi muñeca, no porque me moleste llevar algo ahí, que así es en efecto, sino porque no soporto la idea de que una invención humana, una máquina, sea la que parcele mi vida y me indique qué hacer en cada momento, mucho menos queme lo advierta con sonidos no armónicos como voces de mando. Cuando alguienme regala un reloj no me hace ningún favor ni me produce ninguna ilusión, sino que me regala el látigo que me subyuga y me adocena. Flaco favor.

Hoy, sin necesidad de escuchar ese sonido del pi-pi-pi-piiiiii, pi-pi-pi-piiiiii ... me he despertado, como casi todos los días, a las 8:30 de la mañana y he sentido en mi cabeza ese sonido. Inmeiatamente me he recordado que en el arte no hay tiempo y que yo soy artista. No intento serlo, lo soy. Intentarlo es inútil y absurdo. Ser artista no es tener una ocupación laboral, es un estilo de vida que se basa en materializar tus necesidades, se basa en la necesidad de dar forma a toda la avalancha de ideas y sentimientos provocadas por las sensaciones percibidas del exterior a través del reciclado de experiencias cotidianas. Las conversaciones, los paisajes, la observación sosegada de lo que ocurre a mi alrededor, el desayuno en la barra de un bar, que puede prolongarse horas (esa es una de las contingencias que valoro), es considerado como "trabajo". Después vendrá el momento de elaboración del nuevo concepto o de adaptación y/o modificación del concepto ya existente apoyándolo o contradiciéndolo. Posteriormente la necesidad de expresarlo de uno u otro modo y la reflexión acerca de la validez e interés personal por el resultado que, eventualmente, se traduce en la redacción de algún texto (auto)explicativo, un análisis del resultado, un análisis de conciencia y una toma de decisiones continua.

Hoy se me ha olvidado el proceso ... bueno no, hoy he tenido, durante unos minutos, miedo. Inmediatamente he cortado el hilo de la cometa y ésta ha volado libre de nuevo chillando y revoloteando mecida por la corriente de aire caliente de mi habitación, a una altura increíble.

Ser atista supone estar reflexionando continuamente, empapándose de experiencias y elaborando discursos a cada minuto del día. A mí me deja agotado, saturado, exhausto ... en la mayoría de las ocasiones, como cuando trabajaba por cuenta ajena. Sin embargo la sensación que percibo del resto es la de "ser un jeta" y "vivir del cuento", que a veces me suscita un diálogo inteior que resuelvo rápidamente con alguna respuesta-tipo. No necesito justificar mi actividad diaria porque no necesito justificar mi propia existencia ante nadie más que yo. Ser artista es diferente, pero es que yo me siento diferente, tomo decisiones diferentes, doy trascendencias diferentes a las cosas y experiencias y las explico de forma diferente. Y asumo esa diferencia que, muchas veces, me produce una desazón y un aislamiento; la diferencia me hace sentirme solo en un mundo de obsesión por ocupar el tiempo de uno poniéndole un precio, de poner precio al conocimiento adquirido en mucho tiempo supuestamente por amor al mismo. Curiosamente, en esta época, se está emitiendo un anuncio en televisión (del que hablaré en otro momento) en el que constantemente nos están repitiendo lo mísero y mezquino de nuestra existencia en el siglo XXI, el siglo en el que se suponía que las máquinas nos habían de liberar de la esclavitud, del trabajo como ocupación preferencial en la vida, el momento del humanismo de facto y del escarmiento por haber desaprovechado tantos siglos de autoconocimiento del ser humano para pasar al disfrute del mismo como tal. Es decir, después de veintiún siglos de crecimiento tecnológico, las máquinas deberían ocuparse en liberarnos de las ataduras más convencionales para poder dedicarnos al crecimiento exclusivo como seres humanos. Se hablaba de robots que realizaríannuestro trabajo, que noperdirían nada a cambio, que no enfermarían, que, dirigidas por cerebros humanos, actuarían en consecuencia a los tiempos que vivimos explotando los recursos de forma equilibrada, etc, etc. La realidad es que de eso no hay nada, o yo no lo veo. Paradójicamente la gente cada día trabaja más, por menos, cada día hipoteca más su vida para conseguir un status ficticio, auténticamente irreal, 100% falso, de libertad. Se ha puesto precio a nuestro tiempo y ... ¡nuestro tiempo no es nuestro! El tiempo no tiene dueño ni señor que le deba poner precio, es el condicionante que nos han asignado por el simple hecho de vivir, nuestra cárcel y nuestro dominio, y lo que realmente debemos habitar y habitamos ... pero no es nuestro. "Mi tiempo cuesta dinero" es el argumento más miserable que un ser humano puede esgrimir para hacer o no algo, y, por otro lado, el que más se suele escuchar cuando la propuesta que se hace es interesante ... pero no ofrece dinero a cambio. El grado de crecimiento personal es el que debería servir de rasero para hacer o no las cosas, pienso. Pero hoy en día eso es utópico para muchos. Una utopía que resulta del miedo a la vida, ciertamente.

Yo soy artista, o así me considero, no por la calidad de mi producción material, sino por la calidad y cantidad de mi producción mental, por el funcionamiento de mis mecanismos y estrategias mentales, por mi elaboración abstracta de la vida dentro de mi cerebro y por la traducción que de ello hago en mi quehacer diario. Que gane o no dinero, y la cantidad que de ello resulte, no es más que el lastre que continuamente tengo que soportar por vivir en una sociedad que no tiene el más mínimo interés por el desarrollo de la persona como individuo y como parte del grupo. En el anuncio de marras nos lo recuerdan, nos hablan de la horrible simulación de la que nos hablaba Jean Baudrillard en sus libros, que no son pura teoría ni mucho menos. Él y otros tantos. Pero eso a nadie le importa, evidentemente, porque para ellos la única realidad es el dinero, las posesiones y la posición social endeble en la que se acomodan a vivir. Creemos ser libres y lo único que yo veo es una cárcel con los barrotes de uno u otro material, más o menos opaco, pero barrotes al fin y al cabo. Su tamaño es desconocido para nosotros, lo delimita el tiempo, que no tiene precio. Que la gente se sienta plena o no en ello depende de la capacidad que tenga para dejarse engañar por todos estos condicionantes y por los que se haya autoimpuesto en su vida. El anuncio es increíblemente terrorista, pero poca gente lo podría entender realmente porque, para mí, al menos, entender significa saber llevar a cabo hasta sus últimas consecuencias, significa asimilar y asumir, y hacer de ello parte de uno mismo, incluso hacer de ello un principio de vida. Para una cosa realmente rompedora que nos propone el falso mundo de la publicidad, pasará desapercibido. No obstante, y como siempre, nos propone, como es su destino escrito (repugnante y cobardemente escrito), la máscara y el simulacro más obsceno posible: la libertad que nos ofrece un automóvil es ínfima, despreciable. Yo, personalmente, no es que no me la crea, es que no la acepto.

Hoy, al ver las cometas volar, descubro la esencia de mi propia libertad, de la libertad misma. Nada ni nadie me impide decir lo que pienso y de la manera que quiero decirlo, aunque me vaya la vida en ello y aunque ocupe toda mi existencia, porque soy artista y no tengo miedo. Mi trabajo es vivir y expresarme, porque esa es mi preferencia, porque creo entender el concepto de libertad y porque, ya que no elegí el hecho de vivir ni el momento de hacerlo, ni podría saber el de dejar de hacerlo, elijo qué hacer y cómo hacerlo entre un punto y otro, en cada momento. Y cualquier otro argumento me parece una cadena, preciosa, pero una cadena. Mi única necesidad soy yo y lo demás es, todo, pura contingencia.

* Es posible que las palabras "simulación" y "simulacro" hayan sido utilizadas inadecuadamente, lo puedo suponer. Cualquier aclaración que reciba acerca de ello será bienvenida y el texto, posteriormente, reescrito adecuadamente.

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[ p a r t e · d e · t r a b a j o ]

una panorámica del "antes" del dojo ... o también del "después", porque ya tuvo otro "antes". Evidentemente, habrá un después, que aún sólo es una idea, pero que será la respuesta obligada a la pregunta que me preocupa.

condiciones esenciales

"The essential conditions of everything you do must be choice, love, passion."

Nadia Boulanger en kSensei

noche especial ...

... que no puedo dejar morir sin escribir mis sensaciones, aunque brevemente. Lo interesante va a ser el proceso mental que voy a tener que seguir para poder darle forma finalmente a todo. Lo interesante va a ser lo que me sugiera todo ese proceso mental ...

Resulta interesante recibir la visita de un amigo de toda la vida por sorpresa, a las nueve de la noche, viviendo lejos de la ciudad. No sólo es de agradecer sino que te llena el espíritu de energía creativa. Más cuando se queda gratamente impresionado al ver mi trabajo de todo este tiempo. Me hacía falta, para qué negarlo, para no sentir que voy dando palos de ciego. Me interesa la opinión de éste, que yo considero artista, y su aportación ha sido muy sugerente. Me ha abierto los ojos acerca de algunas trabas que no veía cómo resolver. ¿Cómo poder utilizar las mallas con las que trabajo de manera que expresen por sí solas? Nuevamente utilizando la luz, como antaño, combinando conocimientos fotográficos. ¿Vuelvo a la fotografía de nuevo? Al menos en cuanto al proceso, parece que es bastante posible, pero el resultado dudo que sea fotográfico ... aunque conseguir utilizar también vocablos de ese lenguaje puede ser muy enriquecedor. Me recuerda, sin duda, a aquellos trabajos de la universidad en los que utilizaba técnicas fotográficas como imprimación para posteriores obras pictóricas. En aquellos días, quizá no supe verlo, o es que estaba demasiado obsesionado en creer que la fotografía me lo brindaba todo, concepto, planteamiento, técnica, procedimiento y resultado. Hoy veo una posible complementación entre los diferentes lenguajes, la aparición de ese lenguaje mestizo. Tengo que ver la forma de adaptar los diferentes lenguajes que conozco para conseguir que nada chirríe dentro de la expresión. Que la armonía sea lo más absoluta posible. Hay que enterrar un poco los miedos y las estrecheces que supone la autonomía de los lenguajes.

Las presencias y las ausencias son más fáciles de representar, seguramente, apoyándome en la fotografía como lenguaje, en la pintura con luz, que utilizando el dibujo. Tengo que digerirlo bien para poder pensarlo y, posteriormente, darle alguna forma bien pensada con bocetos. El proceso va a ser bien sencillo y no es en absoluto nuevo para mí. Recuerdo los fotogramas que se iban haciendo día a día, más por accidente que por intención, de aquellas monturas de gafas, bolígrafos, los colores que iban apareciendo, cambiando, los contrastes igualmente. Sólo quedaba fijarlo en el papel, y eso sí que era fácil.

Gracias, Nacho, por dar de sí un poco la cadena. Ya respiro. Evidentemente esto era lo que necesitaba, una buena charla sobre arte y volver a revivir la memoria de toda aquella gente con la que compartí cinco años de estudios, por dónde empezamos y por dónde vamos ahora cada uno.

la casa de mi vida (septiembre 2004)

"... serás cabrón, murmura el sol con la boquita pequeña,
serás desgraciao, murmura la vida, que pronto me olvidas, con lo que te he dao.
seré lo que no quise ser, seré tu cielo, tu antojo, tu niño, tu mar.
serás hijo puta, guiñándome un ojo, me dice la luna al pasar."


K. Romero

Llevaba varios días ya ocupado en recoger sus pertenencias y ordenarlas dentro de las cajas de cartón que, desde tiempo atrás, había ido encontrando por la calle. No había hecho la cuenta, pero seguramente ya eran más de veinte las que había llenado y precintado. Se iban acumulando en los lados de las habitaciones, ocupando las esquinas polvorientas y llenas de pelusas. Quizá, pensó, todavía haya algún pelo de mi gato. y echó una rápida ojeada alrededor para comprobar que no iban quedando objetos de valor que guardar. Poco a poco una sensación de tristeza se fue extendiendo por la casa, habitaciones vacías, oscuras o plenamente iluminadas, con la persiana enrollada, aprovechando hasta el último rayo de luz posible. las paredes, antes saturadas de fotografías, recuerdos de momentos en que estaba haciendo otras cosas con otras personas.

Por esa casa había debido pasar casi toda la gente que había conocido en los últimos diez años, por muchas razones. Las mismas razones que ahora debía haber tenido la gente para no querer visitarle desde hace bastante tiempo. Amigos, colaboradores, su familia, otros no tan amigos, novias, parejas y amantes. Y más que conocidos y más que conocidas. En fín que en sus buenos tiempos, esa casa que ahora se marchitaba, había sido el centro de reunión de un montón de gente, un hervidero de ideas, de proyectos, de discusiones y de horas delante de la televisión. Pero sobre todo, la idea que tenía en la cabeza era que esa casa, ante todo, había sido un hervidero de sensaciones y de sentimientos, una hoguera de visceralidades que le hicieron convivir con todos los niveles de su persona hasta un punto tal, que se había empezado a convertir en un ser demasiado previsible para sí mismo, y eso no le atraía en lo más mínimo.

Fue paseando a lo largo del pasillo, no sé a qué velocidad, ni cuántas veces repitió el recorrido, quizá fue solamente una o puede que fueran más; y fue entrando muy despacio en todas las habitaciones. Dentro, con los ojos cerrados, murmuraba alguna palabra, alguna frase imposible de descifrar a pesar del silencio que invadía la parte interior de la vivienda. Paladeaba el ambiente, recorría cada centímetro de las paredes de cada habitación, como queriendo dejar su marca en el yeso o como queriendo buscar alguna señal convertida ya en símbolo, algo que le recordase, algún lema que le ayudó a sobreponerse a las malas situaciones. Ni siquiera encendía la luz cuando era preciso y, seguramente, deduje, la marca no debía ser visual. O quizá sí, una sombra proyectada en la pared o en algún objeto, una esquina en penumbra que le sugiriese algo. Buscaba pero no parecía encontrar nada que le satisficiera.

Entró en el salón, en donde aparte de varias cajas, el equipo de música y un sofá, había poco más que polvo y calor, bastante calor. A pesar de que el estor de mimbre estaba bajado (no se le debía olvidar descolgarlo y llevárselo, tenía el valor sentimental de ser lo primero que compró en aquel barrio cuando se estableció). También había un ánfora de cristal grueso, lleno de agua, en el que se mantenía vivo un compañero de viaje desde el principio, un pothos que le había regalado su madre cuando un día dijo que había llegado el momento de empezar a volar un poco a solas. Misteriosa e inexplicablemente aquella planta, que no había crecido un solo centímetro en los últimos doce años, tampoco había tirado la toalla con la vida, puede que por no ser capaz de salir corriendo para buscar una vida mejor lejos del descuido o la incapacidad de sus cuidadores. El pothos mágico, como le suelo llamar yo, había tenido momentos malos, algunos muy malos, pero nunca pareció tener aspecto crítico, enfermó y palideció durante una época oscura en la que las persianas siempre estuvieron bajadas casi todo el día, así durante año y medio más o menos. Esas escuetas raciones de luz del sol que tenía el privilegio de disfrutar unas pocas horas a la semana parecieron ser suficientes para sobrevivir durante aquel tiempo. El pothos mágico, que también es el pothos austero, era, en cierto modo, la representación de un superviviente, un retrato vivo de alguien que al cabo del tiempo ni conoceremos, que un día dirá adios y no sabremos lo que habrá sentido en vida. Era su más viva imagen, ambos estaban hecho tal para cual y uno de ellos, al menos, acababa de darse cuenta después de todo ese tiempo. Lo celebró a su manera porque tenía razones, o quizá porque necesitaba una razón para fumarse otro porro más.

El viaje, esta vez, iba a ser un poco diferente a otros, ahora no iba a haber proyecto alguno, ni se iba a proponer ninguna idea, ni siquiera disfrutaría de la compañía de nadie. Él solo frente a un mundo en un suave sepia de fotografía que terminará desvaneciéndose. Décimas de segundo necesitó para poder congelar una imagen de las miles que le aparecían desde el fondo de la memoria: el aspecto original que tuvo aquella misma habitación, que parecía destinada a haber sido dormitorio pero que, después de aquella vez, nunca más lo fue. Un armario, horrible, de poca calidad pero suficientemente sólido para haberse salvado del contenedor de la basura, en donde guardaba provisionalmente la poca ropa que pudo llevar consigo hasta ese momento y una cama plegable en donde durmió solo una de las únicas veces que lo hizo solo en los cinco primeros años años. El resto de la casa estaba completamente vacía excepto cuatro sillas desparejadas que se amontonaban en la cocina.

Mentalmente y durante unos minutos hizo una distribución de la casa del resto de las habitaciones, todas ellas excesivamente cuadradas y eso no le terminó nunca de convencer. Aquella casa hubiera sido de otra forma completamente diferente si hubiera tenido el permiso necesario para poder hacer alguna reforma mayor, pero eso había sido del todo imposible, así que consiguió, con el paso de los años, crear un espacio personalizado en el que sentirse a gusto solamente cambiando el color de las paredes, puertas y los suelos. Al final, había que reconocerlo, se sintió satisfecho, porque la vivienda resultó bastante acogedora y así se lo dijeron casi todos los que la vieron. Ahora la cosa era bien distinta: en las paredes blancas del salón habían quedado los cercos de los cuadros, como presencias ausentes. Varias decenas de recuadros pequeños en una de ellas y un gran cuadrado, de un metro de lado, en la pared de enfrente resultaron ser los testimonios de todas aquellas fracciones de su vida que había tenido colgadas en las paredes recordándole mejores tiempos o, mejor dicho, recriminándole otras formas de vida que no había continuado.

El aspecto de la casa era triste, como de abandono, sin ilusiones escondidas en secretos oscuros en cada esquina pero con mil historias que contar acerca de todo lo que había sucedido entre esas paredes durante aquel tiempo. Pensó que si las paredes hubieran podido hablar alguna vez hubieran contado una historia en muchos aspectos estremecedora y en otros frenética. Siempre melancólica y cargada de pesares.

¿Recuerdas el día en que fabricó la librería que había en el salón? al final y a pesar de los muchos errores que quedaban patentes con una simple mirada quedó bien, rompía la línea de una habitación en la que nada sobresalía de medio metro de altura. Como decía su pareja, todas las habitaciones son bajitas, como de juguete, y hasta el pañuelo que cubría la impresora y la protegía del abundante polvo que había en la casa continuamente, hablaba sobre él. Ella siempre tuvo una intuición especial para detectar el espíritu de la gente que te rodeaba y, una vez más, acertó. También recordaba el día que colocaron las baldosas del suelo de corcho para no tener tanto frío en los días de invierno, era verano, más o menos la misma fecha que hoy, pero hacía más calor y, mientras las colocaba, Susana, su amiga, y ella las pisaban para que quedasen bien pegadas. Una época diferente en un tiempo en el que casi no pareció ocurrir nada. Una rutina que sofocó, en él, aquella llama que, sin saber cómo, había aparecido un día y que decidieron compartir. Creo que al final fue él, en gran parte, el que apagó de un solo soplido la llama de ella. Pero eso es pasado y ¿quién sabe? probablemente fue lo mejor que podían haber hecho cuando no veían una sola perspectiva de futuro, cuando las cosas se habían puesto ya demasiado cuesta arriba y, sobre todo, antes de que se empezasen a escuchar las voces más altas y las discusiones más amargas que, deliberadamente, jamás aparecieron. Y así estaba bien, o eso pareció. De ahí pasó a refugiarse en sus libros, que cada día eran más, y que leía con bastante pasión; en los ordenadores que, durante muchos años me han hecho comprender algunas de las cosas que creía que harían funcionar el mundo de otro modo si los seres humanos fueran diferentes, si todo fuese de otra manera. Empezó a crear esos mundos que le llevaron tanto tiempo y que hoy casi nadie parece entender ni respetar, a transitar esas partes de sí mismo que jamás había experimentado, a conocer y a comprometerse con lo que él consideraba ya su causa, a dialogar consigo mismo e, incluso, llegar a la discusión acalorada y los golpes. A aburrirse de la vida en general y de su vida en particular, y a verle la cara a la muerte en una ocasión.

A partir de ahí el guión estaba lleno de lágrimas, de sufrimientos, de deseos y de corazonadas que nunca llevaron a ningún sitio, de droga y de alcohol, de soledad y de creatividad. Vómitos desde el interior más profundo de su cuerpo que despacio iban desvelando cuál era su primera esencia, su condición, que le presentaban delante de su cara sus propias frustraciones y sus miedos, líneas escritas que explicaban la fragilidad de sus momentos y habitaciones que se convirtieron en museos de su propia existencia, llenos de objetos intocables, cubiertos de polvo, sin brillo.

A la vez que sentía todo esto, sus mayores se preocupaban de qué le estaba pasando mientras al resto de la gente pareció darle igual, las personas que conocía dejaron de venir a visitarle sin una aparente razón conocida y casi nadie llamaba por teléfono, casi nadie se puso en contacto con él porque a ellos probablemente nunca les pasó nada similar, nunca lo comprendieron ni creía que se lo hubieran vuelto a preguntar. En esos días comenzó a tener unas nuevas amistades, gente que aparentemente tenía las mismas inquietudes y compromisos que él. Creyó haber encontrado el grupo, un grupo heterogéneo, disperso y novedoso, lleno de cosas por aprender y con quienes compartir. Se organizaron reuniones de varios días, encuentros en los que se mezclaban personajes de lo más variopinto y que llegaron desde todas partes del país. Pero, una vez más, fue aire, que sólo dejó un par de hojas secas en el suelo, quizá tan esteparias como lo era él, o quizá más perdidas aún. Intentó ayudar cuanto pudo atrayéndolas hacia esas inquietudes que les habían unido en algún momento en la búsqueda de un conocimiento a través de la tecnología pero se encontró, quizá, más de lo mismo, más de lo que le había empachado, aunque también cabe la posibilidad de que fueran ellos los que decidieron que no había mucho más que roer de su persona. Quizá les dio miedo lo que se encontraron, desconfiaron, les sorprendió el tedio, como le había ocurrido a él años antes. Al final todo eso se convirtió en recuerdo, como casi todo en la vida, y ahí se quedó. Fue bonito y muy interesante mientras fue, ahora ya no.

Y empezó a no creer en la raza humana, a no querer relación alguna por el miedo al gasto emocional que suponía y a temer por su integridad mental, a preocuparse por su soledad y a plantearse que eso, y no otra cosa, era lo que tanto tiempo había estado buscando y, ahora, por fín, lo había encontrado. De nada servía lamentarse porque era el primer objetivo que había cumplido desde hacía mucho tiempo. De todos modos intentó compartir espacios con otras personas, pero todo fue inutil, ni le satisfizo ni le sugirió ninguna otra razón para continuar con ello. Ya estaba acostumbrado a romper drásticamente con las cosas que pensaba que le harían daño, hasta que conoció a alguien especial, alguien que le hizo despegar de este mundo material y ver la vida desde otro prisma más. Su trabajo se vio afectado y mejorado, había creado un mundo ilusorio que a él nunca se lo pareció, consiguió vivir aquella realidad que muchas noches le hizo llorar, que no conseguía entender y mucho menos olvidar. Creo que aún lo tiene demasiado presente, por lo que le oí comentar alguna vez; y todavía, algunas noches, se le oye hablar con la ausencia, contarle cosas muy dulces y besarle al aire cada noche deseandole unos felices sueños. Creo que es el recuerdo de una mujer que sobrevive por obra y gracia de una ilusión que le queda en algún rincón de su interior. Quizá es otro mundo, el nuevo mundo que ha empezado a generar dentro de él todo lo que ha experimentado en estos meses, pero no lo ha dicho aún y cada vez habla menos con mis paredes. Ahora no está triste, por lo menos no de la misma manera que todos estos años atrás, más bien preocupado, más bien espectante y algo alterado. Ha dejado de lado todas las cosas que no le ofrecen lo que él necesita, y lo ha hecho conociendo las consecuencias, es una persona reflexiva, me consta, y a veces bastante vehemente con ello. Pero me gusta.

De entre todas las cosas que se lleva en el equipaje hay una que ha empaquetado con especial cuidado, porque quizá es lo único que colgará de las paredes de su nueva casa. Es la sensación de haber vuelto a saborear la dulzura y la amargura del amor a la vez, de haber vuelto a sentirse como le gustaba ser y el sufrimiento de, posiblemente, pensar que una vez vio el cielo para creer haberlo tocado y, después, morirse de pena. Pero a esto último se sobrepuso facilmente refugiándose en lo único que le supone energía en esa su vida: la creación y el disfrute de las cosas hechas según el dictado de su corazón. Ha cambiado, sin duda. Se iba con la imagen nítida de una cara y unas palabras en su mente, con la incertidumbre del qué pasará con todo eso y el miedo a que quede sepultado entre los millones de cosas que le han ocurrido en su vida. Eso sí le aterroriza, tanto que muchas veces le acelera el corazón y le crece la ansiedad, le brotan algunas lágrimas y, después, sonríe antes de lanzar un "te quiero" al aire que, probablemente, se quedará entre estas paredes y no llegará a ningún lado porque en esas cosas hablar sin palabras es complicado, y entender el silencio como señal de eso es tarea difícil para casi todos.
Metódicamente fue revisando todas las habitaciones, detrás de las puertas también, para cerciorarse de que nada se quedaba olvidado. Ha abierto todas las ventanas para que entre aire nuevo que arrastre su propio olor de tantos años llenando estas paredes y ha estado hojeando unas revistas antiguas que acumulaba en el cuarto de baño, entretenido, fumando, intentando recordar, al ver algún reportaje o alguna foto concreta, qué sintió la primera vez que lo tuvo delante de sí, quizá como para comprobar la evolución de algo, como un autoterapia aplicada desde aquellos tiempos. Se sentó en el borde de la bañera, con las piernas cruzadas y la revista que releía con una repentina atención sobre ellas.

Las horas pasan y el cuarto de baño iba quedándose oscuro por momentos, hasta el punto casi de no poder leer con claridad los artículos de aquella revista que parecía interesarle bastante. De repente la lectura se interrumpió y, como presionado por la urgencia de hacer algo, salió a toda prisa de allí, hacia la habitación que había servido de laboratorio durante tantos años, allí lió otro porro con bastante ritual y lo encendió, prolongando la primera aspiración durante unos segundos. Se sentó a observar uno de los cuadros que se apoyaban contra la pared y se fijó en las texturas que lo describían. En el fondo, todo eso del racionalismo era un bonito ejercicio que ha
bía hecho durante todos esos años, quizá necesario para encontrarse en este punto del camino en el que se veía. A él le gustaba tocar los cuadros, rozar las texturas, dejarse seducir por los colores o por alguna forma aleatoria de las manchas que se desparramaban por la superficie de las obras. Le gustaban algunos de los cuadros por lo que tenían de ejercicio de autoterapia. Esto, pensó, también ha contribuído a la creación de ese mundo tan complicado en el que casi nunca se encuentra la puerta de entrada. Y no le faltaba razón a ese argumento, pienso yo. Si el fín de su vida, como alguna vez me declaró, era formar parte de un entramado en el que su labor era poner en
comunicación a diferentes entidades para lograr una colaboración común en un proyecto común, debía crear un entorno en el que todas las partes se sintiesen a gusto trabajando. Él tenía la certeza de no haberlo conseguido por ahora.

En su vida empezaba ahora a tomar las riendas de todo el sentimiento, el corazón y lo visceral. Su calidad humana y su sensibilidad. O al menos eso se proponía, porque muchas veces se descubría autoinculpándose como egoista y eso le frenaba para hacer esas cosas. Se quedaba en silencio, con la mirada fijada en algo, otras veces en nada, perdida en el infinito de un punto de luz roja de su equipo de música.

Mientras iba reflexionando sobre estas cosas la noche había llenado todos los huecos de la casa. Un calor que olía a hogar invadía todo, y en el estudio, la ventana, abierta de para en par regalaba sonidos de la calle, siempre los mismos, como pretendiendo que quedasen grabados en su memoria, en la mía también. Sonidos comunes que al ser despojados de cualquier imagen lógica se convertían en conceptos para él, en identidades, esa casa sonaba así, ¿cómo sonaría la nueva? Poco le importaba que sonase diferente; lo que le sorprendería hubiera sido haber escuchado entrar a los mismos ruidos en ambas casas, aunque todo era posible. Encendió una lámpara que inmediatamente tiñó la esquina, y la gotera de la pared con una luz sucia y bastante pobre, la justa para orientarse. Los pinceles que tenía en su mano, y que había recogido de la mesa que utilizaba como paleta para hacer las mezclas, no estaban del todo limpios, así que procedió a la tarea de mantener su material de trabajo en orden. Después de verter un poco de aguarrás en dos recipientes, sumergió los pinceles en uno de ellos y, tras agitarlo, lo secó cuidadosamente con un paño. Así lo hizo varias veces antes de sumergirlo de nuevo en el otro vaso, en donde el líquido se mantenía transparente. Volvió a agitar el pincel y esta vez buscó un trapo limpio para secar los pinceles antes de colocarlos, uno por uno, secos y limpios, con las cerdas mirando al techo, en una jarra de cerveza alemana hecha en barro que utilizaba para esos menesteres, porque nunca bebía cerveza.

campos de batalla :: 2

campos de batalla :: 2

[ composición #4 ] 2005, 55 x 89 cm.
estructura de malla y foam sobre aglomerado

(puede verse con más detalle en la sección de mi sitio web)

Disociación. El rostro como intersección de efectos, de aventuras y direcciones, de intensidades y de economías. El rostro como planicie tensa y horadada, membrana transpirante, máquina abstracta de subjetividad y significancia. Como articulación crucial, entonces, de exterioridad e interioridad.

Espacio circulatorio, territorio conducto. Superficie liminar de tránsitos tejida de orificios, de ausencias, de oquedades: boca, nariz, orejas, ojos. Ninguno de ellos es por sí mismo, sino como puro enclave de un tránsito: "ese ojo que tú ves/ no es ojo porque lo veas/ es ojo porque te ve". Todo Occidente -todo el cristianismo- piensa el rostro como esa superficie osmótica que, doblemente, sirve al alma. En primer lugar, como su puesto de observación: ella ve lo que élle asegura que hay. Inmediatamente como su expresión, como su espejo -según se asegura-.

de "Nuevas estrategias alegóricas", J L Brea. Ed Tecnos.

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[ p a r t e · d e · t r a b a j o ]

Remoloneando de la página al weblog, y de éste al cuadro. Lo miro y lo remiro continuamente, en todos los estados de ánimo. Voy buscándole las razones a todo lo que voy percibiendo, y teniendo muy en cuenta el estado en el que lo leo, la forma de comprender en ese estado etc, etc. Busco las soluciones que me parecen más interesantes, valoro diferentes decisiones en función de qué cantidad de ideas represento con más fidelidad a mis sentimientos. Todo ello me lleva semanas, y eso que es después de ideado, diseñado y construído el cuadro.

Hoy sólo he repasado un poco uno de los colchones del cuadro más nuevo y he fijado y rellenado de foam el segundo. También he dado un tinte de color azul prusia a unas bandas en otro de los colchones y he empezado a lijar un tercero. Lo he ido haciendo a ratos, cambiando según me cansaba de uno o de otro. Al final salen una barbaridad de horas de trabajo, pero no ves que el aspecto haya cambiado demasiado.

Uno de los cuadros está prácticamente terminado, quizá le quedan uno o dos toques, pero incluso eso lo dudo. Tengo que hacer unas fotos y colocarlo en la galería de una forma ordenada y un poco más definitiva. Ahora mismo no hay quien se entere ... Eso es tarea para mañana.

el día que no pasé contigo

el día que no pasé contigo

Hoy has sido una ausencia presente, un sueño. Pero también has sido deseo y, sobre tí, planea el mismo deseo, batiendo sus amplias alas que hacen sombras sobre el suelo y las paredes. Hoy has sido mi más dolido improbable ... pero sobrevivo aún y gateando me siento a soñar, aunque aún estoy un poco despierto.

Y quieres pasar tiempo bajo el mismo techo. Pero a mí me gusta la idea ... y quizá voy dejando un sitio debajo del edredón, en la cocina y en el sillón, otro huequito en una esquina de mi corazón, más grande, donde sólo caben las ilusiones ¿verdad?

¿Pero qué ha pasado que estoy tan raro? ¿qué ha sucedido que no paro? de desear. Otra dimensión y otro camino, un sentimiento, con sentido y consentido. Yo lo quiero, y te lo regalo, si lo quieres.

releyendo a Deleuze-Guattari

Releo unos capítulos de "Mil Mesetas", redescubro, como siempre, nuevos disfrutes en las texturas, como en las fumadas más sensibilizadoras que he tenido. Me regocijo en ese disfrute y recorro meridianos y paralelos, tramas y urdimbres que conforman diferentes texturas. Caminos, rastros, fragmentos de diario. Releo mis propios escritos a la búsqueda de nuevas texturas que me aseguren que estuve allí alguna vez. El nómada y el sedentario, el nómada en sí mismo. Planos y mapas hechos con texturas, con gemidos y con letras, en las horas de la oscuridad, de la tranquilidad y del descanso, ajado por gritos estridentes, por susurros casi imperceptibles que erizan el vello de todo el cuerpo.

El viento ha hecho caminos en la nieve esta noche, sopla fuerte y crea corrientes que aparecen, desaparecen. Al final todo queda liso, con suaves ondas que hacen equivaler a todos los lugares. El reposo de la mañana recién estrenada, el trasiego de las ideas que fluyen sinuosas por las circunvoluciones de mi cerebro.

"Volvamos a la oposición simple entre lo liso y lo estriado, pues aún no estamos en condiciones de considerar sus combinaciones concretas y disimétricas. Lo liso y lo estriado se distingue en primer lugar por la relación inversa del punto y de la línea (la línea entre dos puntos, en el caso de lo estriado, el punto entre dos líneas en el caso de lo liso). En segundo lugar, por la naturaleza de la línea (lisa-direccional, intervalos abiertos; estriado-dimensional, intervalos cerrados). Por último, existe una tercera diferencia que concierne a la superficie o al espacio. En el espacio estriado se delimita una superficie y se "reparte" según intervalos determinados, según cortes asignados; en el liso, se "distribuye" en un espacio abierto, según las frecuencias y la longitud de los trayectos (logos y nomos). Ahora bien, por simple que sea, la oposición no es fácil de situar. No podemos contentarnos con oponer diretamente el suelo liso del ganadero-nómada a la tierra estriada del cultivador sedentario. Es evidente que el campesino, incluso sedentario, participa plenamente del espacio de los vientos, de las cualidades sonoras y táctiles." Gilles Deleuze y Félix Guattari

Se está produciendo la diferenciación entre lo urbano y lo no urbano ahora mismo. Los caminos que surcan y los surcos que se alisan, que se pierden, se difuminan por razón del continuo movimiento, de la continua mutación, del contínuo nomadismo que no se mueve del mismo lugar, y de la misma idea. Por el contrario los caminos surcados, que texturizan de nuevo la textura organizándola en parcelas de formas variadas, buscan pero no encuentran. La organización urbanística alisada encuentra, pero no sé si busca. Es excepcionalmente curiosa la diferencia entre las razones que se encuentran en uno y otro lugar. Introducimos las intenciones, surge la historia.

Me he despertado a la cinco y media de la mañana tiritando.

de mentes y humanos

Me sugiere una amiga que escriba acerca de mi experiencia como individuo al que un día le diagnosticaron un trastorno bipolar, mis pareceres, mi opinión y mis vivencias como tal. Yo siempre me he cuestionado el diagnóstico que aseguró tajantemente un equipo psicológico-psiquiátrico supuestamente competente. Me lo cuestioné y, realmente, no creí que dieran con la clave exacta del problema. Por otro lado ellos siempre intentaron "sanar" mi cerebro con unos fines que yo siempre he dicho que fueron meramente estadísticos.

Haber vivido cuadros bipolares en el seno de la sociedad en la que vivía ha sido, empírica y existencialmente, duro. Pero ha sido terriblemente enriquecedor. Terriblemente porque en mi caso me ha servido para tomar una conciencia de lo que realmente me rodea, del entorno y de los seres que lo habitan y que me rodean. Y enriquecedor porque, tras mucho esfuerzo (literalmente, minuto a minuto), reflexión y aceptación de muchas cosas, he llegado a tener un conocimiento de mi propio ser, un cierto control de mi persona (más del alma que del cuerpo) y un criterio bastante sincero con respecto a las cosas que suceden continuamente. Creo que he aprovechado mi propia oportunidad y he sido lo suficientemente valiente para poder dar un salto necesario para salvar mi vida sin que me importasen lo más mínimo las opiniones de la gente que me rodeaba y que se jactaban de ser mentes equilibradas y con las cosas claras.

Reconozco que en algún momento estuve en tratamiento, tomé medicación, que dicho sea de paso, me hizo engordar mucho y, por ende, estar cada vez más incómodo dentro de un cuerpo que cada día me gustaba menos. En estos estados me ví o me sentí obligado a leer muchas cosas, de las cuales pocas eran literatura acerca de lo que me decían que me estaba sucediendo. Ni sentía curiosidad por saber qué era ni nada parecido, simplemente no lo creí. Siempre pensé que dentro de cada ser humano, en su cerebro, del que casi nada concoemos, hay no sólo dos polaridades radicalmente diferentes, opuestas, que pelean entre sí por gobernar nuestros impulsos y nuestros actos o reacciones. No hay solamente dos, hay, seguramente, cientos de ellas. El mundo de la psiquiatría y el caracter especulativo y claramente mercantilista de la psicología clínica común actual me hicieron caer en la seguridad de sus limitaciones y en la falta de criterio de muchos de los facultativos que la ejercen. Como en casi todos los mundos, sobra la gran mayoría de ejercientes y falta, escandalosamente, una calidad en los tratamientos y, sobre todo, una honestidad. Ambos mundos no me merecen la más mínima credibilidad, por decirlo amablemente, sí un respeto hacia las personas como tales que lo ejercen, pero nada más. Siempre he pensado que para poder dar solución a un problema mental sólo basta un pco de comprensión y una mente abierta por parte de la gente que "se sienta delante del diván". Una mente que sea capaz de entender que cuando alguien busca la ayuda de un experto en esta materia no necesariamente busca una reinserción en ningún sitio, necesita un cambio, y que alguien le asesore sobre cómo hacerlo. No se busca una opinión, se busca, realmente, una ayuda, una razón que se encuentra en el mero hecho de contar las experiencias y los pensamientos que se tienen.

Mi experiencia con el que fue mi psicólogo, puesto que la psiquiatra responsable de mi tratamiento tuvo el contacto justo conmigo, el justo para recetarme mi fila diaria de pastillas, fue, por lo menos gracioso. Durante algunos años acudía a su consulta y, humildemente, me sentaba en una silla que al final hasta me parecía cómoda. Allí contaba mis pareceres y mis pensamientos acerca de los sucesos diarios, le hablaba de mis ideales y del arte en la vida, sobre todo; observaba cómo hacía gala de una extraordinaria seguridad cuando hablaba de cosas que para mí resultaban ser humo, ambigüedades basadas en lo aprendido normalmente y que no eran extrapolables a nadie en mi opinión. Creo que nunca entendió que la persona que tenía delante no sentía hacia el mundo en el que vivía el más mínimo aprecio ni interés. Creo que nunca fue consciente del enorme desprecio que yo pudiera sentir hacia el caracter dócil, que él me presentaba como adaptativo, de la sociedad en la que vivía. Tampoco entendió que yo no entendiese en absoluto lo que me rodeaba y, lo que era más serio, que no tenía la menor intención de quererlo entender más que de una manera exclusivamente personal, es decir, sólo me importaba tener clara una idea que me rondaba la cabeza para emitir un juicio de valor personal que me hiciera tomar posición frente a lo que yo consideraba el "factor enemigo".

En definitiva, dejé pasar el tiempo, y disfruté de una baja laboral que consideré óptima para tomar el impulso necesario para dar el salto que necesitaba. Por cautela, siendo consciente de que me podía estar equivocando, más bien seguramente por miedo a no seguir sus experiencias (nunca me dijo que él había sentido cada segundo del día esas dos, o "n", personas que pugnaban interiormente por resolver las situaciones), trabajé en algo que solamente se parecía a la parte más sencilla de lo que actualmente he reconocido como mi razón de vida. Era sencillo ser hasta bueno en aquel campo y no me costaba, cada cierto tiempo, demostrar que conocía el terreno que pisaba. Al poco tiempo volví a caer en la cuenta de que mis apreciaciones hacia el mundo que me rodeaba eran cietas, estaban fundadas y de que no necesitaba tener que teorizar más sobre algo que para mí era evidente. Era así, y punto. Haber intentado dar otra oportunidad, seguramente, me hubiera llevado al punto desde el que partía, que era la certeza de que hoy en día el hombre sólo sabe hablar, hablar de una individualidad que es incapaz de plantearse más que en términos predadores, es decir, sólo en términos de "mi vida y mis cosas son mías y tú ni las toques". Era la certeza de que el homo sapiens había devenido en homo docilis. De que, como muchos temieron pero no acertaron con el centro, el hombre había sido dominado por la máquina, pero no por la máquina física, menuda trivialidad, sino por la máquina de la vida. Los engranajes de la cotidianeidad habían quitado todo el sentido a todo y ahora nada nos pertenecía, ni siquiera la propia vida, que era posesión de la empresa para la que trabajábamos, del estado en el que vivíamos y de los jefes que nos ordenaban. Todo el mundo hablaba de robots que dominarían el mundo y de que no sabíamos hacer nada sin tener en cuenta la tecnología. Yo hablaba de que, sencillamente, no sabíamos hacer nada para nosotros mismos. Cuando alguien me decía que sí, siempre le respondí que el ocio es ocio, que se hace porque sí y no para nosotros mismos y que cuando después volvíamos a la rutina, no habíamos aprendido absolutamente nada. La demostración era clara, todo el mundo, después de un fin de semana de ocio, el domingo por la noche sentía la ansiedad y el desprecio hacia los lunes, todos sufrían por tener que madrugar el lunes y volverse a colocar en la fila de la rutina. Yo, personalmente, no necesitaba saber más.

Paralela y afortunadamente tuve la oportunidad de poder pensar en profundidad sobre muchas cuestiones, empecé a dar pinceladas en ciertos lienzos que tenía bastante olvidados y llenos de polvo en el fondo de mi alma. Dí con alguien en mi vida que me hizo cuestionarme muchas cosas. Como le dije, no sé si bien, durante todo ese tiempo fue la única brújula que necesité, y la única que se me ofreció. Pude aclarar, a través de ciertos desatinos, mi idea sobre ciertos sentimientos, hacia el hombre y hacia el mundo, y también hacia uno mismo. Casi todas las noches, en la soledad de mi casa, por la noche casi siempre, me embarcaba en otro larguísimo diálogo interior (y manifiestamente exterior) que se establecía entre esas dos (o "n") personas que yo también albergaba dentro. Las "conversaciones" duraban horas, a veces terminaba riendo satisfecho, otras, muchas, llorando y algunas dañándome físicamente con la tranquilidad de que haciéndolo así no dañaría a nadie más. Al final los diálogos fueron desapareciendo y, en su lugar, la seguridad de que las cosas eran así porque yo las quería así fue apareciendo. Sentí que empezaba ser dueño de mis emociones y era capaz de provocar cualquiera de ellas sin mayor problema y siendo capaz de sentirlas de verdad. Me daba igual que fuera un sentimiento de amor que uno de tristeza, de alegría o de repugnancia, reir por nada o sufrir por todo ...

Había llegado el momento en el que cada vez que lloraba sabía perfectamente el por qué de aquello. Ya no eran esos llantos "sin razón" bajo el agua de la ducha cada mañana, ya no era el desconocimiento acerca de mi persona ni acerca del resto, ahora eran provocados, por decirlo de alguna manera. Ahora las reacciones eran mucho más equilibradas que nunca y cada día es más complicado que me asalten por sorpresa mis propias emociones, quiero decir que cuando me siento triste entiendo por qué me siento así, cuando grito es porque necesito gritar, porque siento que quiero hacerlo y cuando me hablan de algo que no me interesa, sé hacer que no me afecten las cosas que no me da la gana que me afecten ... Creo que sé colocar las cosas en su sitio y tengo las estanterías de mi propio cerebro perfectamente ordenadas; a mi manera, pero perfectamente categorizadas. Es más, me importa bien poco el no coincidir con nadie en ello, ni con personas ni con estándares, porque ese orden responde con total honestidad a los principios que yo me he ido elaborando tras tantas reflexiones, dudas y amarguras de la vida.

Hoy me planteo que la calidad de la mente de la persona depende casi en exclusiva de la capacidad de equilibrar todos los discursos que las diferentes personalidades que todos tenemos dentro pueden ofrecernos y, de hecho, nos seguirán ofreciendo. Hablo en tercera persona ("seguirán") por no decir "seguiremos", porque esas diferentes personalidades seguimos siendo nosotros mismos, no son monstruos, no son creaciones nacidas de nada más que de donde nació nuestro cerebro. Como digo, del consenso (palabra "de moda" en 2005) de todos esos aspectos, se forma nuestro criterio. Para mí, el error es pensar que eso son enfermedades o problemas. Si así fuera, que obviamente en el ámbito social es así, todo lo demás es considerado como tara, fallo o enfermedad sólo por su diferencia. Extrapolado a la vida cotidiana, todo lo que no ofrece una aceptación directa de los estándares sociales (absolutamente contrarios al caracter estrictamente individual del hombre) es considerado un problema. Cuando critico la política actual, critico el "talante" sin talento, critico que se abrace a la luz lo que en la oscuridad se considera enfermo, distinto. Entender es compartir, y por no compartir, la gent eno comparte ni espacio, pero es políticamente correcto y sólo eso cuenta, incluso por encima de lo que sentimos. ¿Alguien piensa que hemos avanzado? Yo pienso que no sólo no hemos retrocedido, sino que, después de muchos años, continuamos parados delante de la misma duda, con la misma indecisión y el mismo miedo a perder ¿"qué"?, a perder lo que nunca hemos tenido, que son las riendas de nuestra vida. Miedo a aceptar que ser libre es tan sencillo como dejar fluir lo que nos sale de dentro, hacerlo crecer, y permitir que esa diferencia enriquezca nuestra vida primero, después "lo social". Tenemos miedo a ser nosotros mismos, miedo a ser conscientes de que no nos conocemos en ninguna de nuestras maneras y miedo a no saber aceptarnos como somos, como nos creamos nosotros mismos. Por culpa del miedo, cuando nos vemos enfrentados a nosotros mismos, tomamos a la "parte irracional y monstruosa" de nosotros mismos como enferma, y la queremos sanar, erradicar, fulminar ... acudimos a un psicólogo. Él sólo sabe parchear mentes, poner en funcionamiento mentes al servicio de un sistema que, si se lee al principio de todo esto, es precisamente lo que yo nunca acepté, comprendí ni necesité.

Ahora volvería a hacer una visita a mi terapeuta, seguramente me gustaría ponerle contra las cuerdas con dos sencillas preguntas ... "¿para qué hace todo lo que hace?" y "¿por qué tiene miedo?". Porque es evidente que tuvo miedo a realizar su trabajo de asesor de forma objetiva, que es lo que todos los que acudimos a su consulta seguramente le pedimos, y más de uno le implora hasta con lágrimas en los ojos. Tuvo miedo a aceptar que una persona que está en su derecho existencial de no aceptar una serie de normas sin dañar a nadie, estaba en lo cierto también, y que su deber humano y profesional, seguramente, sería haberle orientado por caminos menos convencionales. Porque esa persona, que era yo en este caso, no necesitaba en absoluto una orientación para llegar al punto del que estaba partiendo en aquella mañana.

En el caso en que, efectivamente, yo hubiera sido un "bipolar" clínico, que no fue tal, ¿qué problema habría habido? ¿por qué tengo yo que aceptar sin más las cosas que me vienen dadas de fuera? ¿por qué tengo que aceptar y por qué no rebelarme, hasta con violencia, contra ello, si en tal caso yo la veo justificada? ¿por qué tenía yo creer en una persona que ni siquiera aceptaba que dentro de un ser humano de cuyo cerebro no conoce prácticamente nada pudieran coexistir demasiados matices de diferencia, contradicciones, que pueden llegar a un equilibrio? ¿por qué en lugar de decirme que lo que veía más viable era ser fiel a mi condición de perimetral o externo ("outsider", como me definió) en lugar de intentar (que no conseguir) reinsertarme en un matrix social que desde los 10 años ya me estaba planteando? ¿Eso, acaso, no es trabajar para el sistema? Un terapeuta de la mente y todos cuantos trabajan en ese campo (psicólogos y psiquiatras al menos) tienen la obligación ética de trabajar exclusivamente para la mente de su paciente. Lo otro son políticos, capataces, o policías, no nos equivoquemos. La reflexión personal también la deben hacer ellos, pienso yo ... ¿se atreverían? ;)

Si eres bipolar, o lo que te quieran llamar, tienes que aprender a sacar el máximo partido de ello, no a volverle la cara a la realidad; y mucho menos tolerar que te tomen por enfermo o distinto, veo más la solución en un buen argumento que en la "fila de las pastillas de colores" y las charlas de reinserción; pero esto, evidentemente, es sólo una opinión personal. A pesar de ello, si necesita usted más argumentos, yo tengo más.

bienvenido a mi weblog

En este sitio puedes ir leyendo todas las ideas que se me van ocurriendo a lo largo de mi labor creativa.

Yo soy artista. No puedo encasillarme como pintor ni como escultor ni como fotógrafo ni como ningún tipo determinado de artista, porque procuro, en mi vida, dar rienda suelta a la expresión e intentar materializarla con total libertad. Si fuera, como fui hace tiempo, sólo fotógrafo, me vería obligado a tener que expresarme con ese lenguaje unicamente y, en consecuencia, limitaría mis capacidades. Pero, a pesar de que un día decidí que rompería con todo y me dedicaría a la pintura, que es lo que llevaba haciendo desde muy pequeño, pronto me di cuenta de que había muchos de los sentimientos que tenía que no se podían expresar adecuadamente con la pintura, necesitaba un poco más de libertad.

Hay veces que las experiencias que vivo quedan registradas en imágenes fotográficas, otras en párrafos y otras en objetos que voy construyendo. Otras, tan sólo se quedan en ideas que se guardan en un rincón que es el almacén de mi cerebro.

Aquí Pedrote ... aquí mi gente

"¡Maldito azar! Jamás maldije de tí cuando aparecías y te maldigo ahora en que te ocultas" (Kierkegaard)

No es que éste sea mi estado de ánimo actualmente ... es evidente. Precisamente me ha llamado la atención porque es justo el contrario, dice Pedrote. Por lo mismo que un pañuelo verde destaca en una persona vestida de negro. Resalta, sobre todo, la personalidad propia del negro. [ Esto aseguramos Mónica y yo ;) ]

adios a la plata

He estado hojeando uno de mis libros sobre fotografía contemporánea española. No es demasiado actual, Navidad de 1994, pero tampoco creo que sea importante eso en este momento. Mientras me tomaba una taza de café, iba revisando imágenes de Perez-Mínguez, Ouka Lele, Vallhonrat, Momeñe, Isabel Muñoz, Koldo Chamorro, las siempre originales y sugerentes de Chema Madoz y muchas más. Casi todas imágenes que un día, cuando daba mis primeros pasos en el mundo de la fotografía, Pedro me descubrió en aquel libro que nunca pude tener. Hoy se han rememorado, he vuelto a escuchar sus explicaciones y sus consejos. Entonces todo era plata, y escribíamos sobre ella, y la oxidábamos y la fijábamos al papel, para obtener una vez más una nueva dramática sobre el papel. Que diera qué hablar, y qué escuchar atónito con ansias irrefrenables de aprender. Conocimiento transmitido boca a boca.

Creíamos que toda la batalla se centraba en el reconocimiento de la fotografía como arte, la equiparación como tal, de la mano de disciplinas como la música o la literatura. Cortos de vista. Nos quedamos en los albores y no supimos ver, todo era lo mismo y no evolucionaban los discursos a la misma velocidad que su forma de expresión, sino que o hacía paralelamente a la tecnología, se apoyaba una en otra y se complementaban, ¡y de qué manera! La fotografía buscaba la mezcla entre diferentes artes, el mestizaje, la apertura de nuevas sendas, que implicaba cada día la necesidad de nuevas herramientas que permitieran explorar esos caminos, la mecánica resultó inutil frente a la electrónica, que te hacía más poderoso. Y la máquina mecánica quedó como ídolo, quedó como reservada para melancólicos. Pieza de museo.
Sonido de arrastres eléctricos, motores sensibles que zumban recogiendo la película. Zumbidos casi imperceptibles de los engranajes de avanzadísimas lentes. Precisión matemática. También se presupuestó, por alguna razón, por alguien, una no corta lista de respuestas que marcaron una clara carrera. Las imágenes bien enfocadas, bien contrastadas, bien reveladas. Que duren. Y el ojo, que no se canse. El ojo que quiere aprender, que necesita registrar. Pero todo devenía lo mismo, en un discurso circular sobre el problema de la forma en al obra de arte, como ya escribió Kandinsky. Encallados en problemas similares a los que ya resolvió la pintura, al final era forma, una vez más.

La tecnología es, como casi siempre, cruel. No existe el sentimiento, sólo la optimización hasta la grima. Y nuestras fotos, cada dí más nítidas, más afiladas, más técnicas. Muchas de las veces, menos honestas, más mentirosas y no solamente porque parcelen una realidad que para nadie es igual. Pocos vieron la proximidad del final del cercado mientras tenían la cabeza al ras del suelo paciendo en la pradera del éxito. Pero un día levantarán la cabeza.

Recientemente he queridoplantearme un ejercicio fotográfico, un reportaje que he planteado desde las dos perspectivas actuales. Lo he intentado resolver de manera pacífica con las dos tecnologías en mis manos, una cámara digital y una réflex más o menos clásica. Ha sido interesante poder comprobar las diferentes reacciones ante el manejo de tecnologías tan dispares. me refiero a que no ha sido sencillo plantear el reportaje con dos cámaras que han funcionado, inevitablemente, como filtros, a la hora de entender lo que al otro lado estaba ocurriendo. Dos sensaciones diferentes, dos caminares ni siquiera paralelos.

Me doy cuenta de que sigo sintiendo esa intranquilidad cuando aún no tengo el trabajo definitivo en papel en mi mano. Con el papel en blanco y negro, o color, me ha pasado siempre. Terminar el trabajo y ahora, el laboratorio, y observar on tus propios ojos, de nuevo, la magia de la aparición de la imagen ante nosotros. Cocinar la fotografía. A fuego lento frente a un microondas. Sentimientos a flor de piel frente al pop de la fotografía.
Ya desde el primer momento la forma de coger la cámara es diferente, pero me sigue gustando más la réflex tradicional, notar el peso del cuerpo, observar los leds a los lados de la imagen que se refleja en los espejos internos. Medir, preparar y disparar como descanso del alma para iniciar una nueva siguiente fase creativa. Operación matemática con el paso de los años más precisa, más veloz, más intuitiva y mucho más, determinante. El estilo se manifiesta más claramente como riqueza en el manejo de la medición, que se convierte en el pilar fundamental de éste, y a partir de ahí hablamos de capacidad humana, se acaba el interface. La verdad buscando una máscara, una política, como expresó Joel Peter Witkin, mientras era admirado, adorado, odiado, seguido y perseguido, con un discurso poéticamente crudo, dulcemente trágico e imprescindibleAuténtica pintura con luz. El final de la fotografía y de una etapa importante. Contenido y forma en perfecta confabulación solamente guiadas por la experiencia de un director de orquesta magnífico.

El fotoperiodismo pasaba hambre y tenía menos miedo que nunca, a pesar de las zancadillas contínuas. Volvía a ponerse de manifiesto un final, manipulado por la superproducción, por la velocidad, por la tecnología, que existe para tal efecto. La tecnocracia al servicio del ansia económica, de la riqueza y de la optimización. Renovarse o morir, renunciar a lo que ya era considerado como romántico o subirte al tren de la estructura piramidal de trabajo. No había elección. El camino, sembrado de cadáveres.

La forma misma de coger la cámara con las manos es ya determinante, y se trata de una cámara digital común, de las accesibles por todo el público, porque yo soy público desde hace mucho tiempo. Consumidor y no creador, en lo que a fotografía se refiere. Como decía un amigo fotógrafo, mayor que yo, "ya no se pasan facturas de 50.000 pelas, ya no se presupuestan". Porque en algún momento se ha abierto la puerta del Gran Ahorro, de la optimización de recursos y la exprimidora monetaria pone en marcha sus engranajes. "Ahora puedo yo hacer mis imágenes y ahorrarme dinero" y calidad en el trabajo, apunto yo. Porque la educación del ojo no es una cuestión, precisamente, de escatimar en tiempo ni dinero, no es una cuestión solamente de optimización. Total, que nos mandaron al banquillo.

No hay suficiente luz, habrá que forzar la película ... latitud de exposición, cálculos mentales rápidos, pero ya no tanto.
Panel de control > sensibilidad > 400 (¿Cómo sobrerevelo para compensar la subexposición sin perder demasiada objetividad?)
Volver a escuchar el sube y baja del espejo, el deslizar de las cortinillas. Tener que agacharse uno, que enfocar a mano dando vueltas al objetivo, a la vez el enfoque a la vez la apertura. Músculos anquilosados. El disparador, también en el costado de la cámara, para tomas verticales, el ojo del cineasta siempre ve en apaisado, y nos deforma nuestro propio modo de ver la vida. La fotografía mira, también, observando de arriba hacia abajo, o viceversa. Para eso tienen algunas cámaras un botón disparador en su lado derecho.
Si fuerzo, refuerzo el grano, que tendré que añadir yo con filtros de software libre. Espero que no se me pase de la raya, que sea creíble y pueda poner debajo Kodak PlusX Pan o algo similar. Al fín y al cabo no voy a vender una sola imagen ...

Acabado el trabajo, la cámara descansa colgada de mi hombro, debidamente protegica con el objetivo vuelto hacia el cuerpo, debajo del brazo. Las cremalleras rozan el parasol metálico y tienen un sonido característico. Ya tiene una solera y muchas experiencias que contar, se nota. Me lío un cigarrillo y fumo tranquilamente mientras elimino algunas de las fotos que ya nunca me podrán inspirar dentro de unos años en sucesivas revisiones del archivo. necesito liberar espacio porque no tengo otra tarjeta Compact Flash. Me veo forzado a no poder utilizar de mis propios errores como biblioteca de ideas por falta de dinero. Tendré que ahorrar.

En casa descargar las imágenes de la tarjeta Compact Flash al disco duro del ordenador ... quince minutos ... La semana que viene, cuando esté en Madrid, llevaré estos tres rollos a revelar. Esta vez el nerviosismo me va a costar la nada despreciable cantidad de 8 €/rollo y unos 5 € cada hoja de contactos. Madre mía, que precios ...
Veo una Fuji Velvia por 11.75 € y me quedo alucinado, no incluye revelado en ese precio. Era cara, pero tanto ...

Ahora tengo las 42 fotos digitales delante, en una carpeta virtual, y puedo elegir las que me interesan hoy, las demás es posible que tengan que ser borradas para mantener el disco duro optimizado, aprovechado el espacio al máximo. La proyección de diapositivas pasa delante de mí mostrándome las imagenes registradas. Mientras, mis rollos estarán siendo sumergidos en otro lugar, colgados, cortados, montados en la prensa e impresionados sobre un papel que ahora sólo podía ser de 15 x 20 cm. Los restos seguramente. Retales ...

Herramientas > niveles de luz > modificar [ y se abrirá una paleta con herramientas "deslizantes", shortcut May + F1 ]. La imagen aparece como con un sobrerevelado, pero sólo "como" porque va hacia delante y hacia atrás facilmente. Puede usted elegir entre gran cantidad de cantidades de luz, si no le gusta, siempre puede volver un paso atrás [ Ctrl + Z ] tantas veces como usted desee y su memoria se lo permita.
La ampliadora proyecta una imagen negativa de la escena y busco los lugares en los que debo realizar mis tiras de prueba. El proceso continua ... Grabar el CD con las imágenes elegidas y entregarlo a un sitio en donde pulsan un botón que dice "PRINT". Los cabezales, con precisión absoluta, de un lado al otro del papel, dibujando, escribiendo.
Los haluros se van haciendo visibles durante el proceso del revelado, mediante el cual se van volviendo, lentamente, grises en diferentes gradaciones, casi infinitas. El blanco es el del papel, siempre. 256 grises [ aceptar ] resignándose. Convertir a TIFF en blanco y negro perfecto, puro negro EPSON profesional, estable y neutro.

La copia queda enrollada una vez seca. Procédase al planchado del papel baritado para lograr el resultado perfecto. ¡Estupendo!

Después de haber estado hojeando el libro de fotografía contemporánea española, me sigue encantando el trabajo de Rafa Navarro, de Campano y de García Alix.